Una extraña mujer acaba de pasar frente a mis ojos
pero yo,
que para bien o mal
nunca veo lo que todos,
vi tan solo el ruido de su sombra…
Y parpadeé.
Y ya fue tarde.
Esa extraña mujer…
acaba de acercarse a la distancia de un respiro.
Y yo, que no camino con las piernas,
di unos pasos hacia ella en torpe vuelo.
Y caí.
Sin conocerla.
Esa extraña mujer…
acaba de mover sus letras.
Mientras yo, en medio de un concierto de silencios
no encontraba el tiempo.
Y desafinando,
mis palabras lentas
me callé
Esa extraña mujer envuelve ahora mis pensares,
los recrea,
los transforma,
los figura,
los despierta,
y los vuelve parte de algun canto
que mi voz intenta.
Y es por eso ahora
que estas manos,
torpes entre letras,
la recrean,
la transforman
la figuran,
la despiertan.
Y aunque mas no sea,
de algun modo,
tan extraño,
como ella…
la revelan
Cuando abandonaremos por completo esta normalidad que es refugio tan débil, que no cubre ya siquiera nuestros pies, que nos sofoca mas de lo que debería ampararnos... Dejémonos llevar a los terrenos donde nada es lógico ,ni cierto, ni creible, acaso ahi, aunque nos equivoquemos, valga la pena estar
viernes, 9 de julio de 2010
martes, 6 de julio de 2010
Un instante
Qué pasare cuando en medio de una noche,
dentro de una oscuridad apenas atacada por el débil,
desganado rebote de la luna con su luz menguante,
tiemble el frío del silencio
con los pasos de esas dos personas que se acercan?
Qué pasare si las sombras de esos cuerpos
fueren cada vez mas cuerpo y menos sombra
y al tenerse a la distancia de sus ojos,
esa única distancia en que los ojos ya son todo el cuerpo
- donde no hay mas cuerpo que esos ojos -
se leyeran íntegros?
Que pasare si esos dos se reconocen,
sin siquiera conocerse?
Que pasare de repente si hasta el aire se disperse,
vuele el humo del escape de los autos a otro lado,
rompan en destellos los carteles luminosos,
suenen las sirenas de cuanto cuartel de bomberos esté alerta,
vaguen solas ambulancias, patrulleros,
rujan ásperas gargantas de otras gentes reclamando explicaciones donde no las hay,
…y esos ojos sigan ahí,
en el punto exacto donde el fin de una mirada es el principio de la otra.
Que pasare entonces si del fondo de sus ojos
les surgieran las respuestas,
no las tan cruciales, ninguna inexplicable.
Sólo dos o tres respuestas simples
que les den el mínimo respiro necesario
para hablarse y escucharse.
Y así al fin dejar que el tiempo les pregunte lo demás.
Sin querer anticiparlo.
Y que el humo, y los carteles, las sirenas y sus ambulancias
vuelvan a este mundo.
Y el mundo vuelva a ser, y ya no sea
Nadie nunca sabrá lo impredecible.
Si el presente es ésto que apenas empezó ya se termina
quizás nada haya que explicar.
La noche en que esos ojos fueron y volvieron
dormirá al cerrarse en su secreto.
dentro de una oscuridad apenas atacada por el débil,
desganado rebote de la luna con su luz menguante,
tiemble el frío del silencio
con los pasos de esas dos personas que se acercan?
Qué pasare si las sombras de esos cuerpos
fueren cada vez mas cuerpo y menos sombra
y al tenerse a la distancia de sus ojos,
esa única distancia en que los ojos ya son todo el cuerpo
- donde no hay mas cuerpo que esos ojos -
se leyeran íntegros?
Que pasare si esos dos se reconocen,
sin siquiera conocerse?
Que pasare de repente si hasta el aire se disperse,
vuele el humo del escape de los autos a otro lado,
rompan en destellos los carteles luminosos,
suenen las sirenas de cuanto cuartel de bomberos esté alerta,
vaguen solas ambulancias, patrulleros,
rujan ásperas gargantas de otras gentes reclamando explicaciones donde no las hay,
…y esos ojos sigan ahí,
en el punto exacto donde el fin de una mirada es el principio de la otra.
Que pasare entonces si del fondo de sus ojos
les surgieran las respuestas,
no las tan cruciales, ninguna inexplicable.
Sólo dos o tres respuestas simples
que les den el mínimo respiro necesario
para hablarse y escucharse.
Y así al fin dejar que el tiempo les pregunte lo demás.
Sin querer anticiparlo.
Y que el humo, y los carteles, las sirenas y sus ambulancias
vuelvan a este mundo.
Y el mundo vuelva a ser, y ya no sea
Nadie nunca sabrá lo impredecible.
Si el presente es ésto que apenas empezó ya se termina
quizás nada haya que explicar.
La noche en que esos ojos fueron y volvieron
dormirá al cerrarse en su secreto.
domingo, 4 de julio de 2010
Un archipielago de cuerpos en el mar de mi memoria
Un archipielago de cuerpos en el mar de mi memoria.
Una flota de desnudos cuerpos en el mal de mi memoria.
Perdiendose en el rumbo
Corrientes del olvido los alejan.
Los dispersan, los reflujan.
Los atraen a mi costa que es un páramo a esta altura.
Los revisten de serenos vientos,
los repelen si lastiman.
Los calcinan unas playas que cultivo en vano
y son piezas del cadaver de un despido.
Como voces del adios, serenas e implacables
me devuelven gemidos.
Como siestas de paso, me acarician, me rozan
Malolientes fracasos que no han sido
sino un tibio latido
que perdido en el tiempo
ya no alcanza a latir
Pero aun vivo, y espero con la sed en la boca,
un cardumen de espigas,
una luz en el agua,
un saludo infinito,
que una honda mañana sea de noche en los mares
y se encienda el camino…
Por donde aparezcas
Una flota de desnudos cuerpos en el mal de mi memoria.
Perdiendose en el rumbo
Corrientes del olvido los alejan.
Los dispersan, los reflujan.
Los atraen a mi costa que es un páramo a esta altura.
Los revisten de serenos vientos,
los repelen si lastiman.
Los calcinan unas playas que cultivo en vano
y son piezas del cadaver de un despido.
Como voces del adios, serenas e implacables
me devuelven gemidos.
Como siestas de paso, me acarician, me rozan
Malolientes fracasos que no han sido
sino un tibio latido
que perdido en el tiempo
ya no alcanza a latir
Pero aun vivo, y espero con la sed en la boca,
un cardumen de espigas,
una luz en el agua,
un saludo infinito,
que una honda mañana sea de noche en los mares
y se encienda el camino…
Por donde aparezcas
sábado, 3 de julio de 2010
El Plan
Ya sabés cual es el plan.
El plan es no saber.
No predecir,
no prever,
no programar.
Pero sin dejar jamás el plan de lado.
El plan es no saber el plan.
Y así y todo, seguirlo tenazmente.
Obcecado,
temerario,
hasta impaciente.
Ansioso por cumplir
lo no pactado.
El plan es avanzar, porque no importe
tanto hacia donde
como de donde vengas.
Que no le siente el mapa,
que tu orilla sea
a veces la deriva.
El plan has de saberlo de memoria
aunque jamás lo hayas leído.
Porque no habrás de escribirlo.
Que si lo hubiera escrito
alguien mas
de nada serviría.
El plan es ir irremediablemente a él.
Sin escalas, boletos ni aeropuertos.
Y dejarlo todo.
Aunque te pese más que el equipaje
la ausencia de
lo que ha quedado en el camino.
El plan es atentar contra lo inocuo,
es enfermarlo.
Morirlo si hace falta.
Para por fin dejarlo renacer
cuando ya no soportes
la esperanza.
El plan es no saber.
No predecir,
no prever,
no programar.
Pero sin dejar jamás el plan de lado.
El plan es no saber el plan.
Y así y todo, seguirlo tenazmente.
Obcecado,
temerario,
hasta impaciente.
Ansioso por cumplir
lo no pactado.
El plan es avanzar, porque no importe
tanto hacia donde
como de donde vengas.
Que no le siente el mapa,
que tu orilla sea
a veces la deriva.
El plan has de saberlo de memoria
aunque jamás lo hayas leído.
Porque no habrás de escribirlo.
Que si lo hubiera escrito
alguien mas
de nada serviría.
El plan es ir irremediablemente a él.
Sin escalas, boletos ni aeropuertos.
Y dejarlo todo.
Aunque te pese más que el equipaje
la ausencia de
lo que ha quedado en el camino.
El plan es atentar contra lo inocuo,
es enfermarlo.
Morirlo si hace falta.
Para por fin dejarlo renacer
cuando ya no soportes
la esperanza.
lunes, 28 de junio de 2010
Ella baila en su minuto
Ella baila en su minuto, desafiando el sueño
Ronda. Escribe una memoria que aun no vive
Y entre músculos quebrados y un silencio en hielos
Desanima, pero inspira mis alientos
Yo devoro mis horas que no acaban de morir
que tan poco recuerdan de mi cuerpo,
que en los ojos mal cerrados de la noche
se despiertan, huellas de sus besos
Ella sabe, como que es mi luna, atraer el reflujo de mis mares
reflejarse en mi, y seducirme,
para al fin reducirme a mis deseos
Gira en torno a mi impaciente esfera con un códice nuevo
Y es sincera y real como la muerte
Yo tan solo trato de acercarla con oleadas tenues,
con mis sales, con mis peces que nadar no saben
con mi ahora y mi nunca que despliego como cartas de perder
con palabras que no llegan lejos
Solo me espera la espera
No tengo mas armas que desoír el tiempo
Ronda. Escribe una memoria que aun no vive
Y entre músculos quebrados y un silencio en hielos
Desanima, pero inspira mis alientos
Yo devoro mis horas que no acaban de morir
que tan poco recuerdan de mi cuerpo,
que en los ojos mal cerrados de la noche
se despiertan, huellas de sus besos
Ella sabe, como que es mi luna, atraer el reflujo de mis mares
reflejarse en mi, y seducirme,
para al fin reducirme a mis deseos
Gira en torno a mi impaciente esfera con un códice nuevo
Y es sincera y real como la muerte
Yo tan solo trato de acercarla con oleadas tenues,
con mis sales, con mis peces que nadar no saben
con mi ahora y mi nunca que despliego como cartas de perder
con palabras que no llegan lejos
Solo me espera la espera
No tengo mas armas que desoír el tiempo
sábado, 26 de junio de 2010
ojos sólo ojos
Solamente sus ojos salieron a la calle esta mañana, y con los de ella, los de muchos mas. Sólo millones de ojos, de a pares casi todos, salieron a la calle esta mañana. Los de ella, los de todos.
Huelgaron las bocas, las narices, los mentones, las orejas, los pómulos, los brazos. Faltaron sin aviso las cinturas, los pares de hombros, las tetas, las caderas, las piernas, todo, todos.
Y siguieron durmiendo cuádriceps y biceps, femorales, húmeros y estómagos.
Tomado día libre. Acatando algún deseo o una orden que ninguna boca se dignó en explicar, sin oídos reclamando una respuesta, trepados a una rebeldía o presos de una enfermedad, nadie supo bien por qué ésto sucedía, pero así pasó. Los ojos se cargaron la tarea de ser todo, simplemente todo el cuerpo.
Y la calle entera fue un inesperado amanecer lleno de ojos. Los hubo retorcidos, expectantes, lúdicos, sueñeros, enturbiados. Mamarrachos, displiscentes, viejos y recien nacidos. Todo era miradas, la expresión, la lengua, el habla, las caricias y los odios se expresaban solo en verse, de ojos a ojos. Porque sólo esos ojos, entre ojos deberían comunicarse todo, un permiso que pedir, un boleto, un hola qué alegría verte, un adios, un no te quiero, un te extraño, un no puedo más, un esperame que ya vengo, un no te creo, un qué linda estás, y un vos también. Ojos. Todo ojos.
Los de ella, sacudidos por el viento, recorrieron el camino de todos los días. No era incómodo para esos ojos, a decir verdad, moverse en ojos por la calle, esta mañana a pocos le pesaba el cuerpo y todos le prestaban toda la atención a las miradas de los otros. El que esquivaba las miradas, zarandeando sus pupilas hacia todos lados, tropezaba. El que miraba de reojo, terminaba caminando en círculos. El que tratando de ocultárse, clavaba la suya contra el piso, se caía. No era tanto una cuestión de acostumbrarse como de sentirse libre, y por eso, los que se movían con comodidad eran los que usaban esos ojos como cada día, mirandose de frente, disfrutando de los cruces, agrandandose al hallar al otro en esa misma actitud. Y así iba ella, con los párpados abiertos, prolongando la mirada, refractando adioses en los ojos grises, devolviendo fuegos a los ojos pasionales. Se sentía plena, sin mas cuerpo que sus ojos, como si la extraña aparición de aquel montón de ausencias, hoy la hubiese completado.
Huelgaron las bocas, las narices, los mentones, las orejas, los pómulos, los brazos. Faltaron sin aviso las cinturas, los pares de hombros, las tetas, las caderas, las piernas, todo, todos.
Y siguieron durmiendo cuádriceps y biceps, femorales, húmeros y estómagos.
Tomado día libre. Acatando algún deseo o una orden que ninguna boca se dignó en explicar, sin oídos reclamando una respuesta, trepados a una rebeldía o presos de una enfermedad, nadie supo bien por qué ésto sucedía, pero así pasó. Los ojos se cargaron la tarea de ser todo, simplemente todo el cuerpo.
Y la calle entera fue un inesperado amanecer lleno de ojos. Los hubo retorcidos, expectantes, lúdicos, sueñeros, enturbiados. Mamarrachos, displiscentes, viejos y recien nacidos. Todo era miradas, la expresión, la lengua, el habla, las caricias y los odios se expresaban solo en verse, de ojos a ojos. Porque sólo esos ojos, entre ojos deberían comunicarse todo, un permiso que pedir, un boleto, un hola qué alegría verte, un adios, un no te quiero, un te extraño, un no puedo más, un esperame que ya vengo, un no te creo, un qué linda estás, y un vos también. Ojos. Todo ojos.
Los de ella, sacudidos por el viento, recorrieron el camino de todos los días. No era incómodo para esos ojos, a decir verdad, moverse en ojos por la calle, esta mañana a pocos le pesaba el cuerpo y todos le prestaban toda la atención a las miradas de los otros. El que esquivaba las miradas, zarandeando sus pupilas hacia todos lados, tropezaba. El que miraba de reojo, terminaba caminando en círculos. El que tratando de ocultárse, clavaba la suya contra el piso, se caía. No era tanto una cuestión de acostumbrarse como de sentirse libre, y por eso, los que se movían con comodidad eran los que usaban esos ojos como cada día, mirandose de frente, disfrutando de los cruces, agrandandose al hallar al otro en esa misma actitud. Y así iba ella, con los párpados abiertos, prolongando la mirada, refractando adioses en los ojos grises, devolviendo fuegos a los ojos pasionales. Se sentía plena, sin mas cuerpo que sus ojos, como si la extraña aparición de aquel montón de ausencias, hoy la hubiese completado.
números y letras
Los números y las letras se disputan, de a pedazos, nuestra vida.
Deberían repartírsela, si fuera por ser justos, en partes iguales, pero ahí los números, dueños de las particiones, sin duda saldrían beneficiados. O podrían intentar, si lo desearan, llegar a algún acuerdo, pero ahí, las letras, dueñas de los argumentos, se alzarían victoriosas.
Entonces, como si existiera un pacto desde que las letras son las letras y los números son números, cada uno - ellas y ellos - guarda alguna especie de privilegiado sitio en nuestras vidas.
A ellos les tocó en ese reparto la tarea constante y repetida de guardar el orden, la enumeración, el cálculo. Son los números, viriles custodios de las cuentas, los que trepan por los hechos rescatando datos para sacar conclusiones, estadistas a ultranza, radiógrafos binarios de la historia.
A ellas, las señoras, madres de palabras, les ha sido dado el don de describir el mundo, ardua y pesada tarea, si las hay, pero con la que cargan orgullosas y hasta altivas. Les compete también abrir las puertas de la mente, aunque ese sea un terreno dividido donde sus rivales, ellos, saben ocupar su parte. Pero es en el área de los sentimientos, donde el cálculo, el conteo, la enumeración no representan más que un espejismo que las letras barren con justeza, y hasta con desdén.
Por momentos nuestra vida, sola, deja seducirse por los unos o las otras, y es así que hasta en los juegos nos sucede que de golpe nos hallamos calculando números en celdas, dibujando letras en renglones de una ortogonalidad, que por geométrica es, para ellas, casi una traición. Así es que en cada acto, en cada paso, como si metiéramos la mano en un bolsillo donde están los números, o en el otro donde letras, nos valemos de ellos, de ellas, para andar.
La vida así transcurre.
Ironía de la lengua nuestra, cuando hablamos de “contar”, si no fuera que aclaramos que de números o historias se tratare, bien podríamos hablar de ambos, pues se cuentan las historias, y se cuenta de uno a diez. Contar. Contar es ese purgatorio donde habitan ellos y ellas, donde nada está prohibido. Donde todos son iguales. Compartiendo van los cuentos y las cuentas. Contar.
Y bien, pero a veces, nosotros, los hombres decidimos si queremos querer más a ellos, más a ellas. Si es el tiempo de los números, las letras. Si unos u otras van a ser mejores compañeros de una etapa de la vida.
Hoy, me llega el gusto hasta la boca, invadiendo el aire, renovándome, sabiendo a nuevo una vez más. Son las letras las que ganan el terreno, las que invaden, las que triunfan, porque la pasión que arrastran no se mide, no se pesa, no se cuenta. Se cuenta.
A contar, entonces. A contar.
Deberían repartírsela, si fuera por ser justos, en partes iguales, pero ahí los números, dueños de las particiones, sin duda saldrían beneficiados. O podrían intentar, si lo desearan, llegar a algún acuerdo, pero ahí, las letras, dueñas de los argumentos, se alzarían victoriosas.
Entonces, como si existiera un pacto desde que las letras son las letras y los números son números, cada uno - ellas y ellos - guarda alguna especie de privilegiado sitio en nuestras vidas.
A ellos les tocó en ese reparto la tarea constante y repetida de guardar el orden, la enumeración, el cálculo. Son los números, viriles custodios de las cuentas, los que trepan por los hechos rescatando datos para sacar conclusiones, estadistas a ultranza, radiógrafos binarios de la historia.
A ellas, las señoras, madres de palabras, les ha sido dado el don de describir el mundo, ardua y pesada tarea, si las hay, pero con la que cargan orgullosas y hasta altivas. Les compete también abrir las puertas de la mente, aunque ese sea un terreno dividido donde sus rivales, ellos, saben ocupar su parte. Pero es en el área de los sentimientos, donde el cálculo, el conteo, la enumeración no representan más que un espejismo que las letras barren con justeza, y hasta con desdén.
Por momentos nuestra vida, sola, deja seducirse por los unos o las otras, y es así que hasta en los juegos nos sucede que de golpe nos hallamos calculando números en celdas, dibujando letras en renglones de una ortogonalidad, que por geométrica es, para ellas, casi una traición. Así es que en cada acto, en cada paso, como si metiéramos la mano en un bolsillo donde están los números, o en el otro donde letras, nos valemos de ellos, de ellas, para andar.
La vida así transcurre.
Ironía de la lengua nuestra, cuando hablamos de “contar”, si no fuera que aclaramos que de números o historias se tratare, bien podríamos hablar de ambos, pues se cuentan las historias, y se cuenta de uno a diez. Contar. Contar es ese purgatorio donde habitan ellos y ellas, donde nada está prohibido. Donde todos son iguales. Compartiendo van los cuentos y las cuentas. Contar.
Y bien, pero a veces, nosotros, los hombres decidimos si queremos querer más a ellos, más a ellas. Si es el tiempo de los números, las letras. Si unos u otras van a ser mejores compañeros de una etapa de la vida.
Hoy, me llega el gusto hasta la boca, invadiendo el aire, renovándome, sabiendo a nuevo una vez más. Son las letras las que ganan el terreno, las que invaden, las que triunfan, porque la pasión que arrastran no se mide, no se pesa, no se cuenta. Se cuenta.
A contar, entonces. A contar.
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